Octubre 25, 2020
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Permaneced En Mí

 
 

Josué Mora Peña

La mayoría de las veces, Cristo enseño por medio de parábolas. Una parábola es una historieta sencilla para afirmar una verdad moral. Una parábola era fácil de entender. Cristo quería estar seguro de que no habría excusas para decir, "no entendí lo que quiso decir Jesús". Hoy hablaremos de una de las parábolas de Cristo, la del viñedo, para darnos a entender lo importante que es no solamente creer en Cristo como el Hijo de Dios, como el Salvador del mundo, como el único que puede perdonar nuestros pecados y darnos la vida eterna, sino que hay que permanecer en El. La cuestión de la salvación es un acto de fe que se produce el momento en que uno cree de todo corazón que Cristo es nuestra única esperanza para entrar en el cielo y cuando confesamos nuestros pecados delante de Dios, y le pedimos que nos salve. Pero ya siendo salvos, hay que permanecer en El.

Cristo es la Viña, nosotros somos los pámpanos. Debemos siempre permanecer en El, estar adheridos a El, para poder llevar fruto. Es interesante notar que en estos versos (1 al 10) encontramos la palabra "permanecer" once veces. Esto nos da una idea de lo importante que es estar atados siempre a Cristo. Dios espera fruto de sus hijos. El espera que demos testimonio de que somos hijos de El. La forma como damos testimonio es con nuestra propia vida, con nuestro ejemplo, nuestra manera de vivir, nuestro comportamiento. "Lo que tú haces habla más fuerte de lo que tú dices", dice el dicho común. Esto quiere decir que nuestros hechos tienen que estar de acuerdo con nuestras palabras, con nuestro testimonio verbal. Como cristianos, hemos de dar fruto, y fruto en abundancia. Pero separados de El (Cristo) nunca podremos dar fruto. La persona que, habiendo experimentado el perdón de sus pecados, se aparta de la Vid, se seca y es imposible que produzca fruto. Y mucho menos fruto en abundancia.

La clase de fruto que Dios espera de sus hijos es "Amor". Las palabras de un himno en inglés dicen, "Y sabrán que somos cristianos por la forma como nos amamos" [traducción literal]. La Biblia dice que debemos amar al prójimo, y aún a nuestros enemigos, según Mateo 5:44. Lucas 6:35 dice, "amad a vuestros enemigos". Marcos 12.30 dice, "Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con Codas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento". Muchas veces en lugar de amar a Dios y al prójimo, amamos más las cosas del mundo que las de Dios. Primera de Juan 2:15 dice, "No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él". Pero, para poder amar a Dios de todo corazón y al prójimo, es necesario permanecer en Cristo, la Vid verdadera. Asegúrate de estar siempre atado a Cristo. Permanece en El. Y recuerda lo que dice Primera de Juan 2:6, "El que dice que permanece en él, debe andar como el anduvo".

Sansón caminó con Dios al principio de su llamado, pero eventualmente se apartó de El. Llegó el momento en que pensó que "Dios estaba con é1, y que permanecía en El", pero no sabia que Dios ya se había apartado de él, que Dios ya lo había dejado, porque se había "desprendido" de la protección de Dios. Lean esta interesante historia en el capítulo 16 de Jueces. ¡Qué triste es pensar cuando nos damos cuenta que ya Dios no está con uno!

Otra clase de fruto que Dios espera de sus hijos es que testifiquemos de El. En otra ocasión mencionamos que el mensaje más poderoso que se predica no es el que se escucha en las iglesias, sino nuestra propia vida. Nuestra vida es el sermón que el mundo va a escuchar. Somos una Biblia abierta al mundo. Tal vez habrá personas que nunca asistirán a una iglesia, que nunca leerán una Biblia, pero el cristiano es la iglesia y la Biblia que ellos leerán. ¡Cuidado como vivimos si somos hijos de Dios! Por eso Dios no se lleva al cielo al recién convertido, al nacido de nuevo espiritualmente, porque lo necesita aquí en la tierra para que testifique del amor de Dios.

Naturalmente hay muchas más clases de fruto que Dios espera de nosotros: Crecer en el conocimiento de las cosas de Dios; ser fieles a Dios en todo, alabarle, adorarle. Y por lo general esto lo hacemos asistiendo a una iglesia donde se enseñe y predique de la Palabra de Dios. Parte del fruto que Dios espera de sus hijos es que sostengamos Su obra, que edifiquemos Su reino con nuestra presencia en los servicios de adoración, con nuestras oraciones y con nuestras ofrendas y diezmos.

Muy bien, ahora, ¿Cómo permanecer en El? ¿Qué tenemos que hacer para no "desprendernos" de El? En primer lugar, hay que mantenernos en oración. Esta nos acercará a El. Santiago dice, "Acercaos a Dios, y e1 se acercará a vosotros" (4:8). Y la oración nos acerca a El, nos mantiene en comunión con El. Muchas veces se canta en las Iglesias, "Dulce oración, dulce oración" pero pocas veces se practica. Hay que orar en todo momento. En segundo lugar, la lectura y estudio de la Biblia nos ayudará a crecer en espíritu y en verdad. No debe de pasar un día sin leer la Biblia. Es el alimento del cristiano. Ahí encontramos el agua que saciará nuestra sed espiritual. Para su propia desgracia, algunos cristianos toman sus vacaciones y le dan "vacaciones" también a la Biblia. No la llevan con ellos. Es canto como decide a Dios, "no tengo tiempo para leer la Biblia. Quiero disfrutar al máximo durante mis vacaciones". Yo sé que no es lo que en verdad le decimos a Dios, pero parece ser que así es. También la asistencia a la iglesia nos ayuda a permanecer en la Vid. La comunión con los hermanos de la iglesia, los estudios bíblicos, las alabanzas, la adoración, entre otras cosas.

Bueno, esperamos que con la ayuda de Dios, permanezcamos asidos a Cristo hasta que El venga por su iglesia, que es ya muy pronto.

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Pasaje

Juan 15:1-8

1 Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.

2 Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.

3 Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.

4 Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.

5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.

6 El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden.

7 Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.

8 En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.

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